domingo, 23 de mayo de 2010
martes, 18 de mayo de 2010
Y después nos volvimos, medio rápido nomás, porque no es cuestión -dijo mi padre- de que uno se pase la vida rezando si los caminos ya están trazados, inútil, debatirse. Fatalista, mi padre. Hubo que regresarnos para trabajar, para estudiar, en fin, la vida. Sólo que a mí algo me había sucedio, no sabía bien, difícil de explicarlo, pero la escuela ya me pareció rara. Yo era el único que estudiaba. Capaz por eso, de repente empecé a darme cuenta de una curiosidad: que todo lo que se aprendía era tan distinto de la realidad, que uno vivía haciéndose preguntas que no tenían respuesta. Y muchas veces, mientras hacia changuitas para ganarme unos pesos, mandados o esas cosas como cortar un pasto o cuidar hijos de ricos, yo pensaba que el mundo de los libros y el mundo eran muy diferentes, sobre todo para los más pobres. Entonces me atacaba como un pánico, porque se me hacía que si mi papá se daba cuenta a lo mejor decidía vendernos a alguno de sus hijos. Y yo tenía terror de que me vendiera a mí.
La sola idea me mataba, no lo podía soportar. Nunca pude.
- De "La revolución en bicicleta", de Mempo Giardinelli.
sábado, 15 de mayo de 2010
Texto 2
Sin vacilar dejamos que la naturaleza nos robe,
Dejamos que nos permita huir del cuerpo,
Que nos deje ser viento.
Viajamos por el aire,
que nos encierra en una sucesión de bailes interminables,
y nos pasea por un mundo que huele a infinidad.
El suelo está tan lejos como el pasado,
así como nos damos cuenta lo ignoramos,
y sólo seguimos volando por un presente eternamente finito,
Por un presente veloz como el viento,
Por un presente doloroso como la imposible caída.
Es la incertidumbre la que nos guía, a través de un remolino de melodías.
El camino no lo elegimos y sin embargo lo caminamos, juntos, de la mano,
Tan decididos como estábamos durante aquel arrebato de la naturaleza.
El aire nos obliga a sentir, a escuchar.
De ahora en más es nuestro sonido el que vemos y sentimos,
y con el aprendemos a vivir;
dentro de mi presente, dentro de mi silencio,
dentro de tu presente, dentro de tu silencio,
dentro de nuestro propio baile.
Mi destino se comparte ahora con el tuyo,
somos un futuro que será mil futuros.
Mano sobre mano,
tomados de la locura,
seguimos girando en un sinfín de letras que nos definen,
qué somos, qué queremos ser.
Es nuestra decisión responder,
Y seguimos adelante,
Huimos de la elección.
El destino, sabemos, nos perseguirá con su respuesta.
Mi piel te siente,
mi alma no lo logra,
vos me sentís.
Y yo sigo decidida a ser viento para correr al lado tuyo sin importar cuán rápido vaya.
Es inevitable la duda,
es inevitable la confusión,
es inevitable endurecerse,
es inevitable sonreir por sufrir.
El tiempo nos sigue acompañando, pero ya no lo cuestionamos,
qué es el futuro,
para qué el futuro si por suerte sigo volando al lado tuyo.
Somos la continuidad de las palabras y las melodías que vuelan en el aire de los distraídos, de los ciegos, de los sordos que alguna vez fuimos.
Mis manos nos empiezan a reunir,
empezamos a ser una sola poesía, para lograr la eternidad;
Me ayudás, nos sentimos, nos creamos, nos transformamos,
nunca más pensaremos en el futuro, porque ya vamos a ser uno para siempre.
Poesía somos ahora,
nuestras palabras nos crearon, nuestras manos nos unieron,
y tan sólo tuvimos que dejarnos apresar por el aire para salir a volar por el tiempo y ser presente.
Y lo inevitable es evitable,
y el destino se cansó de perseguirnos con sus respuestas.
Mi mano sigue tomándote, tu mano sigue tan fuerte como antes;
las ganas de volar no han caído, y el suelo ya no se ve;
dónde estamos, hacia dónde vamos, qué buscamos.
Color a nosotros ha tomado el aire,
y ya no encontramos las respuestas innecesarias.
El aire baila con nosotros,
y es ahora música, con nuestras melodías y poesía;
nos transforma en él, y seguimos siendo viento.
Viento,
una ráfaga veloz de música enamorada que está llegando a su eterno final.
Te tengo, me tenés, y el destino nos alcanza.
Abraza con sus respuestas a nuestras dudas, y sabiendo que ya no volamos, seguimos unidos por la poesía que fuimos y seremos.
Ahora sí, el futuro nos muestra sus mil caminos, nos miramos y los extremos nos vencen.
Yo soy yo, no somos más nosotros, pero continúo cantando nuestra melodía, y te siento bailar lejos mio.
Soy aquella ráfaga que siempre va a estar a tu lado, cantándote una poesía acerca de la naturaleza, de lo inevitable, de la eternidad.
Culpable soy,
soy la eterna culpa de que no puedas parar de bailar al compás de una música que te persigue y te cuenta acerca de dos almas que fueron un viento eterno.
jueves, 13 de mayo de 2010
-Florencio a muerto, señora.
¡Qué largo era aquel hombre! ¡Qué alto! Y su voz era dura. Seca como la tierra más seca. Y su figura era borrosa, ¿o se hiso borrosa después?, como si entre ella y él se interpusiera la lluvia. “¿Qué habría dicho? ¿Florencio? ¿De cuál Florencio hablaba? ¿Del mío? ¡Oh!, por qué no lloré y me anegué entonces en lágrimas para enjuagar mi angustia. ¡Señor, tú no existes! Te pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Eso te pedí. Pero tú te ocupas nada más de las almas. Y lo que yo quiero de él es su cuerpo. Desnudo y caliente de amor; hirviendo de deseos; estrujando el temblor de mis senos y de mis brazos. Mi cuerpo transparente suspendido del suyo. Mi cuerpo liviano sostenido y suelto a sus fuerzas. ¿Qué haré ahora con mis labios sin su boca para llenarlos? ¿Qué haré de mis adoloridos labios?”
Mientras Susana San Juan se revolvía inquieta, de pie, junto a la puerta, Pedro Páramo la miraba y contaba los segundos de aquel nuevo sueño que ya duraba mucho. El aceite de la lámpara chisporroteaba y la llama hacía cada vez más débil su parpadeo. Pronto de apagaría.
Si al menos fuera dolor lo que sintiera ella, y no esos sueños sin sosiego, esos interminables y agotadores sueños, él podría buscarle algún consuelo. Así pensaba Pedro Páramo, fija la vista en Susana San Juan, siguiendo cada uno de sus movimientos. ¿Qué sucedería si ella también se apagara cuando se apagara la llama de aquella débil luz con que él la veía?
¡Qué largo era aquel hombre! ¡Qué alto! Y su voz era dura. Seca como la tierra más seca. Y su figura era borrosa, ¿o se hiso borrosa después?, como si entre ella y él se interpusiera la lluvia. “¿Qué habría dicho? ¿Florencio? ¿De cuál Florencio hablaba? ¿Del mío? ¡Oh!, por qué no lloré y me anegué entonces en lágrimas para enjuagar mi angustia. ¡Señor, tú no existes! Te pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Eso te pedí. Pero tú te ocupas nada más de las almas. Y lo que yo quiero de él es su cuerpo. Desnudo y caliente de amor; hirviendo de deseos; estrujando el temblor de mis senos y de mis brazos. Mi cuerpo transparente suspendido del suyo. Mi cuerpo liviano sostenido y suelto a sus fuerzas. ¿Qué haré ahora con mis labios sin su boca para llenarlos? ¿Qué haré de mis adoloridos labios?”
Mientras Susana San Juan se revolvía inquieta, de pie, junto a la puerta, Pedro Páramo la miraba y contaba los segundos de aquel nuevo sueño que ya duraba mucho. El aceite de la lámpara chisporroteaba y la llama hacía cada vez más débil su parpadeo. Pronto de apagaría.
Si al menos fuera dolor lo que sintiera ella, y no esos sueños sin sosiego, esos interminables y agotadores sueños, él podría buscarle algún consuelo. Así pensaba Pedro Páramo, fija la vista en Susana San Juan, siguiendo cada uno de sus movimientos. ¿Qué sucedería si ella también se apagara cuando se apagara la llama de aquella débil luz con que él la veía?
Fragmento del libro "Pedro Páramo", de Juan Rulfo . Leí ese libro por allá - por el 2008 - y lo entendí. Y lo quiero volver a leer todos los años, pero no puedo comprenderlo.
Esa cosa fantástica pasa con los textos.
lunes, 10 de mayo de 2010
A pesar de todo - La Tabaré
Se escucha bastante mal, pero ya tenía pensado poner esta canción hace tiempo y parece que hace poquísimo la subieron a Youtube... me dan tantas ganas de compartirla... ¡es tan linda!
Acá va la letra:
Ahora que sabemos casi la verdad
fuimos programados para una ciudad
te quiero.
Ahora que sabemos que todo es mentira
aquel que te ayuda es aquel que te tira
te quiero.
Yo quiero darte otro beso
porque de eso se trata vivir
a pesar de todo.
Ahora que sabemos que no hay solución
somos empleados en una nación
te quiero.
Ahora que sabemos fuimos engañados
que nos educaron los mal educados
te quiero.
Yo quiero darte un abrazo
por si acaso nos toca morir
a pesar de todo.
Desear volar
tocar la luna
surcar el mar
amar la espuma.
¿Qué es lo que esperás para ser feliz?
si no te animás no te zambullís
te quiero.
Todo irá mejor, ¡te juro que sí!
ahora que el amor anda por ahí
te quiero.
Yo quiero darte un regalo
aunque lo malo del mundo soy yo
a pesar de todo.
Más, más, más vida.
Más, más, más vida.
"Cuando estaba solo, José Arcadio Buendía se consolaba con el sueño de los cuartos infinitos. Soñaba que se levantaba de la cama, abría la puerta y pasaba a otro cuarto igual, con la misma cama de cabecera de hierro forjado, el mismo sillón de mimbre, y el mismo cuadrito de la Virgen de los Remedios en la pared del fondo. De ese cuarto pasaba a otro exactamente igual, y luego a otro exactamente igual, hasta el infinito. Le gustaba irse de cuarto en cuarto, como en una galeria de espejos paralelos, hasta que Prudencio Aguilar le tocaba el hombro. Entonces regresaba de cuarto en cuarto, despertando hacia atrás, recorriendo el camino inverso, y encontraba a Prudencio Aguilar en el cuarto de la realidad. Pero una noche, dos semanas después de que lo llevaron a la cama, Prudencio Agular le tocó el hombro en un cuarto intermedio,y él se quedó allí para siempre, creyendo que era el cuarto real (...).
(...) Poco después, cuando el carpintero le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la interperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pueda pasar el entierro".
(...) Poco después, cuando el carpintero le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la interperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pueda pasar el entierro".
Pequeño fragmento de Cien Años de Soledad del amigo Gabriel García Marquez.
jueves, 6 de mayo de 2010
¡Nos vamos a ver a La Tabaré! I
El amor
es llevarse la vida por delante
a puteadas y besos...
Cuando estoy en la oficina muy cansada
prendo la radio y me quedo
tan callada, acostumbrada
viendo el mundo desde lejos
para que no me haga nada
nada, nada más...
¡Por favor! No me dejes aquí ...
tan solo en la vida...
Por amor
reventamos las cadenas
que nos atan
a las patas del miedo
Los amigos están todos ocupados
y yo voy de noche solo
como un lobo envenenado
recorriendo la ciudad
que me mira de costado
y no me deja entrar ...
¡Loco! No me dejes aquí,
tan sola en la vida...
Y por amor
nos volvemos macaquitos inocentes
de repente volamos
La palabra es Amor
¿y nosotros qué hacemos?
En el culo del mundo
Aclimatándonos... matándonos... matándonos...
Fue en el verano 2010, durante nuestras segundas vacaciones en Los Hornillos. Había pasado la primera noche de "todos juntos", y la festejamos con una gran choripaneada, ensalada y cervezas.
Una vez digeridos, decidimos partir. Fuímos algunos nomás los que nos atrevimos a caminar la subidita cansadora (menos mal que era verano), a caminar la otra subidita, más cansadora aún, y a luego pasar al balneario sin que nadie nos vea. Esa vez caminamos un rato más en la oscuridad de la mitad de las sierras, pasamos un alambre y llegamos al río, no nos quedamos hasta ahí nomás como el otro año, no, no...
Si hago un poquitito de esfuerzo, me acuerdo de Flor charlando sin parar con Fer. Me acuerdo que estaban Walter, Tomy, Emi, acostados o tomando porrón, o ambas cosas. Estaba fresco, pero estaba hermoso. De eso me acuerdo sin ningún esfuerzo. Me acuerdo del agua del río, del sonido del agua yendo e hipnotizando; y me acuerdo más todavía de las estrellas. En Los Hornillos se ven tantas estrellas. Allá, en las sierras, sí tiene sentido estar horas tirad@s panza para arriba mirando el cielo. Así se aprende lo que es la inmensidad: acostándose, sabiendo que no se puede apreciar todo el show, que el cuello no alcanza a estirarse y ver todo, y sintiendo un nudo en la panza y ganas de reir. Siempre me río. Y la inmensidad no va a ser una excepción...
En esa parte de las sierras es imposible no creer en los duendes. La primera tarde que fuimos por ahí, Rosi dijo bien lo que yo sentía, preguntándome: "¿Cómo no van a existir duendes acá, prima?". La realidad de Los Hornillos, y de todo el Valle en sí, es que por ahí la magia anda dando vueltas y es imposible, o muy triste, no sentirla.
Esa vez llegábamos de vuelta a ese lugar de nuestros veranos e inviernos y queríamos andar por lugares así. Con Rosi nos buscamos una piedra sobre la que nuestra espalda pueda almoldarse y nos tiramos.
Inmensidad.
Nudo en la panza.
Risa.
Y nos pusimos a cantar, a los gritos, que el amor es llevarse la vida por delante a puteadas y besos... como alguna vez lo habíamos hecho en frente a esas mismas sierras con un "me despierto pensando si hoy te voy a ver", o frente al mar, riéndonos, al compás del "en un café se vieron por casualidaaaaad..."
Sí, esa canción que puse ahí arriba me hace acordar a todas estas cosas. Y más. Por eso la ansiedad y necesidad de poner cantidad de canciones de La Tabaré y adelantar, en dimensiones minúsculas, cómo son y cuántas las emociones que pondrán-se en juego mañana por la noche. ¡Mañana por la noche!
Inmensidad.
Nudo en la panza.
Risa.
Y nos pusimos a cantar, a los gritos, que el amor es llevarse la vida por delante a puteadas y besos... como alguna vez lo habíamos hecho en frente a esas mismas sierras con un "me despierto pensando si hoy te voy a ver", o frente al mar, riéndonos, al compás del "en un café se vieron por casualidaaaaad..."
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