miércoles, 30 de marzo de 2011

En el comedor de mi casa hay un mueble muy grande. Ese mueble es bajito, salvo por una parte donde le nacen un par de estantes. Mi casa es un desorden bárbaro y ese mueble no es la excepción, y menos lo son los estantes que le nacen en esa parte. Ahora, a memoria nomás, puedo decir que ahí hay una cantidad temible de libros, cámaras de fotos viejas, cajas con fotos y papeluchos, una radio bien antigua, un montón de chirimbolos de recuerdo de cosas que nadie sabe qué fueron, y los vasos de whisky, que nunca se usaron para tomar whisky, sí para dejar los carnés de Central, Obra Social, Urgencias 4351111, tarjetas de colectivo, plata, moneditas y más chirimbolos. 


Y entre tanta chirimboleada hay un aerosol negro, que nadie puede volver a usar. Es un recuerdo también, de los días en que la familia estaba de paro.


Si no me equivoco, esos días empezaron hace un año. Pero en realidad no lo sé; sí estoy segura de que estos días son aniversarios de aquellos días.


Hoy salía de clase y me crucé a Malena y Painé, y nos pusimos a charlar. Una charla común, sobre la facultad y cómo va, yo todo bien, ¿y vos? Yo también.... Hasta que Malena lo dijo:


- ¡estamos las tres! ¡A un año!
- ¿a un año de qué Male? ¿De terminar?
- ¡¡No!! ¡Del conflicto! 


Y sí, estamos a un año. Y sí, fue inevitable: empezamos a recordar paso por paso, día por día, y nos dimos cuenta que fue tanto, que no nos acordamos de nada...


... Según lo que reconstruímos, todo empezó un martes, segundo día de elecciones universitarias. Me acuerdo de cuando Painé se me acercó y me dijo: "a mí viejo lo echaron. Convocamos a las 12 a la puerta de la radio"; pero no me acuerdo qué pensé yo. Sí sé que llegué a casa, y mi madre estaba hablando con Estela, y en su cara sólo leía preocupación. No me acuerdo qué pasó, sí que el paro empezó esa noche.


Al día siguiente cerraban las elecciones en la UNR. Yo estaba haciendo un trabajo - que quedó inconcluso - para Indymedia, y entonces daba vueltas por el paro, ya frente al diario La Capital, y por la facultad de Humanidades, por la de Ciencias Políticas, viendo, escuchando, tratando de entender qué pasaba en cada lugar. Esa noche, sin penas ni glorias, volví a casa, donde las caras de preocupación eran más grandes. La Capital estaba de paro y todos estaban decididos a que al otro día no salga, por primera vez en la historia, el diario más importante de la ciudad. A esa altura ya eran unos cuantos los despedidos en las radios del multimedio Vila-Manzano, e iban por el medio gráfico. Y allí trabaja mi madre, y corrían las sospechas de que algunos conocidos, incluida ella, encabezaban la lista negra. ¿Y cómo podíamos permitir eso?


Me acuerdo de esos días como aquellos en que "la familia estaba de paro".


Me acuerdo de que mi madre se pasaba toda la noche afuera haciendo vaya uno a saber qué actos de vandalismo, y que con mi viejo y Julián nos levantábamos, la dejábamos dormir, y nos acercábamos a la puerta del diario, donde se hacía guardia para que nadie entre a trabajar (lo mismo sucedía en las radios).


Me acuerdo de las charlas, los almuerzos y cenas, en que mi viejo (mi mamá casi ni volvía) rememoraba viejas luchas desde La Capi, desde el Sindicato... cómo surgió la lista del Sindi, cómo los despidieron del diario. De todo, de todo eso me acuerdo. Hasta de que a Cami recién se le empezaba a ver la panza y ella iba con Mora y Nahuel al paro, y yo los abrazaba a los tres, tan contenida.


Me acuerdo de las asambleas, la incertidumbre; de los que antes habían sido traidores,  y los que lo eran en ese momento. De los nuevos amigos, los viejos amigos, las anécdotas, y la angustia permanente. De la tarde que pasamos tomando mate frente al diario y que luego nos fuimos a lo de Tania. Y no paramos, porque después partimos de intervención organizada por Ani, y entonces también me acuerdo de que "las paredes son nuestras", "el abismo no nos detiene", y "la imaginación contra el poder"; y que no sabía que las paredes iban a hablar tanto tiempo...


Y seguimos sin parar, porque después de esa misma noche, en que volví plena a casa, con una sonrisa de oreja a oreja, nos levantamos y fuimos a esa marcha, tan larga, tan llena de gente, de amigos... Que estaban ahí por ellos: nuestros amigos, y, ante todo, nuestros compañeros.


Me acuerdo del cumple de Rosi, de haber bailado toda esa noche, y levantarme al otro día para ir al evento en calle Santiago. Que esa tarde lo conocí a Ciro, que Estela nos mandó a ambos a pegatinar por el barrio, y que juntos hablamos de muchas cosas, hasta de que íbamos a ir a una reunión sin decir cuál; y que luego nos veríamos allí. Porque claro, esa misma noche fue mi primer encuentro con la FLIA, y también mi segundo encuentro con Ciro, y con otros chicos que había visto esa noche en que las paredes hablaron, y yo pensaba que no podía ser que todo sea tan chiquito, tan cercano, y que estemos sin vernos.


De todo eso me acuerdo, y de que los días siguieron. De que salía de clase y hola, chau, me voy al paro, estoy en el paro, caete al paro. Y que un día todos fueron reintegrados. Y mi mamá lloraba, no lo podía creer. Y todos se abrazaban, y yo también, y todos nos emocionábamos. Porque ahí éramos compañeros, y de paso éramos amigos, vecinos, familiares, desconocidos... unidos por una sola palabra: la lucha. Bueno, dos palabras, una idea. 


Ese día, entre abrazos, Estela me invitó a almorzar. Nos sentamos en el bar La Capital, que ahora cerró. Comimos una ensalada. Ella me contaba de a puchitos, porque la gente no paraba de saludarla y preguntarle sobre los últimos llamados, las emociones, las asambleas.


Y me acuerdo de que al lado nuestro se había sentado una pareja, muy joven, que había estado todos esos días con nosotros. La chica estaba embarazada. Me acuerdo de ellos porque unos días después hicimos una fiesta y se pasó un video, y salían dándose un beso, bajo las banderas y las pintadas, con su panza gigante robando la pantalla; y cuando vimos esa imagen ellos estaban parados al lado mio, y lloraban tanto que me contagiaron las lágrimas, allí y ahora.


Porque ahora es como hace un año, o mejor, o más grande, porque todos seguimos siendo todos, y hasta más grandes  y valientes; más fuertes y mejor aprendidos, como diría cierta profesora que tuve una vez. Y las paredes siguen hablando, a veces a los gritos, a veces susurrando, pero no cesan eh, no paran de desparramar recuerdos -presentes y futuros- por toda la ciudad.







lunes, 28 de marzo de 2011

garcía bar & rock *

No te preocupes, you are free:
Nos queda un poema y nada más.

Te quiero por odio y complicidad,
No me busques, no me vas a encontrar.

Y mi niña interior salta en un pie.

Me retuerzo de alegría y risas,
Llena de los sentimientos más asquerosos,
Que me devuelven libertad…
Y ese amor…
Y esa complicidad. Y esa sonrisa.

Y mi niña interior salta con los dos pies.

Muerta, doy por cerrado otro momento.
Ahora te amo en paz. Sé que estamos en el mismo nivel del terror.
¡Ay! ¡Qué lástima! Dejame bailar con vos,
Abrazarme a vos,
Volar un rato nomás…y ser feliz de felicidad.
No dejes que el orgullo me haga ser.

Y mi niña interior salta y baila.

No me mires porque no me acuerdo de tu cara.
Te pienso todo el día.
No me mires porque me vas a entender,
Y me vas a tentar.
Voy a tener que largarte todas mis palabras que no querés escuchar, vas a tener que conocerme y hacerme bien. Y yo devolverte la locura con la que me haces.
Vamos a ser uno otra vez, ¿y ahora qué?
Mejor andate. 



* del 2010 o 2009, no sé, se me confunden los años; después de la noche (¿viene el día? o al menos las palabras). Me pareció interesante, como un re-encuentro. 

sábado, 19 de marzo de 2011

luna lunera cascarabelera

Luna tenía un color como atigrado, pero oscurito; una oreja moncha y una sana, que se levantaba de manera adorable cuando tenía que prestar atención o estar muy alegre.


Luna tenía ojos grandes, como todos en casa.  Pero a diferencia de los de Santiago, Marcela, Julián, Catalina y Laura, los ojos de Luna eran tristes, muy tristes. Sospecho que ella bien lo sabía, porque solía mirarnos así cuando quería comida, o que la tapen, o que la mimen, o que la lleven de acá pa'allá...


Además, Luna tenía una cola gigante que revoleaba para todos lados cuando estaba contenta, súper-contenta. La cola de Luna fue, en su momento, un medidor de su felicidad, y también un látigo...gracioso y adorable, pero muy molesto, molesto del tipo: "¡salí Luna, pará Luna, no Luna!"


La mascota primogénita de la familia llegó a casa cuando yo rondaba los 8 años. Fuimos a buscarla en el auto de Juanjo y Estela hasta no sé dónde...Un "dónde" en el que había una casa grande y linda, un perro boxer puro llamado Astor, que a mi papá le sigue pareciendo el perro más lindo de la historia; y una perra "de raza perro" que había tenido nosécuántos perritos. Entre ellos mi Luna....


Cuando volvimos de ese dónde, fuimos con mamá, Luna (que todavía no era Luna) y Julián (que rondaba los tres años) a la placita de enfrente a discutir cómo iba a llamarse la perra. Yo proponía nombres del tipo "Seis" o "Siete", con la intención de continuar la tradición familiar y numérica (pequeña aclaración: cuando era más chiquita todavía, tuve dos peces que se llamaron "Cuatro" y "Cinco" y -sobre-vivieron exactamente 2 semanas). Julián, que ya tenía desarrollado su fanatismo por los dinosauros, proponía llamarla Tiranosaurio o Velocirraptor; y mi mamá se dedicó a arbitrar subjetivamente hasta acordar ella con quién sabe quién que la perra iba a, y debía, llamarse Luna.


Luna fue siempre una más de la familia. Una hija para mi vieja, una hermana para Julián y para mí. Mi papá, tan Santiago como es él, era el único que la consideraba un animal, y el que se quejaba porque no podía ser que duerma sobre la cama, que coma restos de asado o cosas que comíamos nosotros... que la tratemos como un humano más, digamos. Pero mi papá, así y todo, tenía una conexión más que especial con ella. De respeto y amistad, raro eh, pero se amaban.


Hasta que fue madre, Luna era un niño salvaje más. Buenísima, protectora, juguetona. Recuerdo que nos agarraba a Julián y a mí de las zapatillas y nos arrastraba por la casa, o a Julián agarrándose de su cola y ella corría con él encima. Era muy bueno jugar con Luna, tenía una fuerza bárbara y nos servía para muchas cosas. Siempre la llevábamos a la plaza de enfrente de casa, ahí estábamos todos todos los del barrio, perros incluidos. Era una verdadera reunión barrial. Me acuerdo de cómo corría Luna por ahí, y de cuando la llevábamos a andar por Circunvalación (Ayolas al fondo, frente al puerto), o al parque donde ahora están los silos.


Mi perra había desarrollado un sistema espectacular para dormir en invierno en nuestra cama y taparse ella sin destaparnos; cuando mi papá se despertaba, ella, instantáneamente, se subía a la cama y le movía la cola y lo miraba como diciendo: "mira Santiago, atrevete-te-te a sacarme de acá". Siempre que llegábamos a casa, o tocaban timbre, ella corría y se estampaba contra el vidrio y todo el mundo se moría de la risa, aparentemente no es común que te atienda un animal. Varios vidrios rompió Luna, y varias veces se lastimó las patas. Era un personaje. Cuando jugábamos al carnaval en casa, ella participaba y se comía todas las bombuchas, y hacía caca de colores. 


Nos pinchó un montón de pelotas también, se la pasaba jugando al fútbol con Julián y conmigo. Uno de nosotros iba al arco y el otro tenía que pelear contra Luna hasta meter un gol o que la pelota se rompa. 


Yo, desde siempre, hasta hoy mismo, le cantaba Luna Lunera Cascarabelera Luna Lunita Linda y Bonita. No sé de donde saqué eso, pero se lo cantaba y ella me saltaba encima. Teníamos otro juego. Perdón, estoy recordando mientras escribo. Era algo así: mi papá jugaba a tratar mal a mi mamá, y Luna saltaba a defenderla y le ladraba. Y después se daba cuenta y entonces se agachaba, movía la cola tan fuerte como hacía, y se nos paraba encima para que le hagamos mimos, o juguemos con ella.


Cuando yo estaba en séptimo grado, Luna tuvo 9 hijos. Varios perros del barrio la pretendían, el conquistador era y siempre fue, Bebeto. Pero Bebeto era chiquito, y feo, re feo, y no llegaba a consumar porque Luna era más grande que él. Así que al final optamos, Luna también, por Hammer, el doberman del gomero. Nueve perros le dio a mi chica, ¡nueve! Mi viejo quería morirse. Yo los amaba. Me tiraba al piso y dejaba que todos se me suban y me muerdan la ropa, las zapatillas, todo. Eran un ejército, me acuerdo del Piquetero, del Negro, del Huevo y, claro, Catalina. En casa nos quedamos con ella, que resultó ser una verdadera trastornada.


Durante mucho tiempo, Luna y Catalina fueron buenas compañeras. En un principio Luna asumió su papel de madre, luego se pusieron en pie de igualdad, pero hace poco más de un año que Catalina se puso los pantalones caninos. Según aprendí, los perros grandotes como son Luna y Catalina (era Luna) suelen tener problemas en la cadera, y eso es lo que le pasó a mi perra. Que se caía, que no se podía parar, que se arrastraba por toda la casa, que ya ni siquiera se arrastraba. Luna estuvo un año paralítica, con su humor de siempre. Moviendo la cola, comiendo, mirándonos así, ladrando cuando venía alguien desconocido. Para mí que nos decía: ya fue, yo estoy de fiesta. Pero no podía pararse para seguir corriendo o andando.


Hoy cuando llegué del diario me contó mi mamá que tuvieron que sacrificarla. Yo no sé como terminar este texto porque me pongo muy triste y ya ando llorando. Se me dio por retomarlo. Había empezado a escribirlo a mediados del año pasado cuando tuvimos que operarla, y yo pensaba que se iba a morir; pero claro, no fue así. Esa vez la fuimos a visitar al veterinario y nos recibió tan feliz que yo, desde ese día, no pude imaginar cómo iba a poder pasar lo que está ahora mismo pasando. Me puse a leer esto que había dicho porque me dio un poco de miedo haberme olvidado cómo había sido mi compañera, pero por ahora está todo bien. Sólo fue un poco complicado pasar su presente al pasado.



Luna y yo hace unos años 

viernes, 11 de marzo de 2011

historia de un amor



Para que yo pudiera amarte
los españoles tuvieron que conquistar América
y mis abuelos
huir de Génova en un barco de carga.

Para que yo pudiera amarte
Marx tuvo que escribir El Capital
y Neruda, la Oda a Leningrado.

Para que yo pudiera amarte
en España hubo una guerra civil
y Lorca murió asesinado
después de haber viajado a Nueva York.

Para que yo pudiera amarte
Catulo se enamoró de Lesbia
y Romeo, de Julieta
Ingrid Bergman filmó Stromboli
y Pasolini, los Cien Días de Saló.

Para que yo pudiera amarte,
Lluís Llach tuvo que cantar Els Segadors
y Milva, los poemas de Bertolt Brecht.

Para que yo pudiera amarte
alguien tuvo que plantar un cerezo
en la tapia de tu casa
y Garibaldi pelear en Montevideo.

Para que yo pudiera amarte
las crisálidas se hicieron mariposas
y los generales tomaron el poder.

Para que yo pudiera amarte
tuve que huir en barco de la ciudad donde nací
y tú resistir a Franco.

Para que nos amáramos, al fin,
ocurrieron todas las cosas de este mundo

y desde que no nos amamos
sólo existe un gran desorden.
                                               Cristina Peri Rossi






Gracias Mapatipiapas de las Puras Suertes!!!!!!!!!!
















viernes, 4 de marzo de 2011

... hasta las lágrimas





Palabra que no se de donde

me empuja este amor me arrastra hasta que

que calles lo trajo,
que manos podía
cuando golpeo
cuando le abrí
no se como voy a llamarte
de tu adentro a mi no hay alrededor
no hay lluvia, planeta, naufragio, delirio
naranja que, no seas vos
palabra que no se donde terminaré



que asombro es sentirme en tu abrazo

recobrar la piel desde tus orillas
saber que detrás del beso nos vigila
intacto aún, todo el amor,
y aunque aprendemos que lo lejos
también puede ser error de los ojos 
no hay cerca más cerca que tu cercanía
con el error tocándome
palabra que no se donde terminaré
palabra que no se ni lo preguntaré.